UNDP/ Paru Ramesh

La propagación de la COVID-19 cambió por completo el contexto mundial, puso a prueba las capacidades de respuesta de los gobiernos, y modificó las agendas y prioridades de todos los países. A pocos días de cumplirse un año desde que la República Dominicana se viera obligado a confinarse, es momento de poner el foco sobre los impactos diferenciados de género que fueron agravados por la pandemia.

Ya en marzo de 2020, la ONU advertía que la pandemia golpearía 3 veces a las mujeres, no solo por los riesgos para la salud, sino porque las medidas restrictivas adoptadas intensificarían el riesgo de violencia doméstica y la carga de trabajo y cuidado en el hogar. La pandemia amenazaba directamente con revertir los logros alcanzados en las últimas décadas, exacerbando y sacando a la luz las desigualdades preexistentes que sufren, dificultando así el cumplimiento de las metas de la Agenda 2030 y los ODS en su última década para cumplirse.

Las predicciones no se equivocaron, la crisis multidimensional producida por la COVID-19 afectó con crudeza y de manera desproporcionada a las mujeres. La violencia contra las mujeres y las niñas, especialmente la violencia doméstica, aumentó en un 30% en América Latina y el Caribe.

El aumento del trabajo no remunerado del hogar y los cuidados ha desbordado a las mujeres física y emocionalmente. Antes de la pandemia, las mujeres dominicanas dedicaban 31.2 horas semanales a labores no remuneradas, en comparación con 9.6 horas dedicadas por los hombres a las mismas actividades. Las medidas de confinamiento y distanciamiento social, y el consecuente cierre de jardines infantiles, escuelas y centros de cuidados para personas adultas mayores, crearon nuevas necesidades de cuidados y trabajo no remunerado que sobrecargaron principalmente a las mujeres, por tener que atender a las niñas, niños y adolescentes en la educación a distancia, a las personas adultas mayores y/o dependientes, personas afectadas por el virus, las tareas del hogar y en muchos casos teniendo que combinarlos con el teletrabajo. 

La recesión económica también ha tenido rostro femenino. Como se ve en la encuesta mipymes que realizamos con el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), las actividades económicas más afectadas fueron las que tienen una mayor participación de las mujeres, como el comercio, las industrias manufactureras, el turismo y el servicio doméstico. Las mujeres se han visto especialmente afectadas por situaciones de pérdida de empleo, reducción de horas de trabajo y cierre de sus negocios.

Según nuestra Encuesta SEIA Red Actúa, realizada con el SIUBEN y agencias ONU, en el 12.2% de hogares encuestados donde una mujer era la principal generadora de ingresos hubo una pérdida de empleo permanente, versus el 7.8% de hogares encabezados por hombres. Asimismo, el informe Mujeres y Mipymes mostró que el 47.3% de las micro, pequeña y media empresas lideradas por mujeres se encontraban en situación de informalidad, en comparación con el 27,7% de las lideradas por hombres, lo cual acentuaba el riesgo de pérdidas de trabajo y dificulta a las mujeres el acceso a medidas de recuperación económica.

Este balance nos afirma que la respuesta ante la crisis de la COVID-19 debe tener un enfoque integral que atienda las diferentes situaciones y necesidades de las mujeres. Siguiendo las recomendaciones de la CEPAL, para garantizar una recuperación socioeconómica adecuada es de vital importancia velar por los derechos de las mujeres, reconociendo la diversidad de estas, así como las múltiples e interrelacionadas formas de discriminación que enfrentan, con una mirada territorial y en capas, que considere la implementación de acciones a corto, mediano y largo plazo.

Este viernes 5 de marzo, PNUD lanzó a nivel global un nuevo informe indicando que un ingreso básico temporal, destinado específicamente a cientos de millones de mujeres de los países en desarrollo de todo el mundo podría prevenir el incremento de la pobreza y de las desigualdades de género durante la pandemia de COVID-19.

En esta realidad nos encuentra el Día Internacional de la Mujer. Hoy, esta conmemoración puede ser una oportunidad más para repensar la manera en la cual venimos trabajando, y utilizar este tiempo para hacer las cosas diferentes. El panorama actual nos permite reflexionar sobre las desigualdades estructurales existentes y la fragilidad con la cual pueden retroceder todos los logros que se han ido alcanzando con los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS).

Situar a las mujeres en el centro del diseño de las intervenciones y medidas de recuperación socioeconómica contribuye al cierre de las brechas y crea sociedades más inclusivas, equitativas y resilientes, que permitirán cumplir las metas de desarrollo sostenible para el 2030, sin dejar a nadie atrás.

 

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