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Han pasado ya 29 años desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió conmemorar el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres con el propósito de cada año sensibilizar sobre la importancia de impulsar acciones dirigidas a prevenir, mitigar, responder y recuperar el impacto que las crisis ocasionan en la vida y el bienestar de las personas.

Este 13 de octubre, en línea con el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, se nos invita a reflexionar sobre una de sus siete metas: “Mejorar considerablemente la cooperación internacional para los países en desarrollo mediante un apoyo adecuado y sostenible que complemente las medidas adoptadas a nivel nacional para la aplicación del presente Marco para 2030”.

La conmemoración del día sirve también de plataforma para destacar buenas prácticas y buenos ejemplos sobre la cooperación internacional, y es en este sentido que nos parece propicio destacar la experiencia de la realización en la República Dominicana, de la “Evaluación de las Necesidades de Recuperación por los impactos sociales y económicos del COVID-19”, CRNA como se le conoce por sus siglas en inglés, lanzada recientemente por el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo -MEPYD-, y cuyo resultado es una muestra del compromiso político del país por impulsar una recuperación rápida y sostenible en beneficio de la población, en especial la más vulnerable.

Para su elaboración, la Unión Europea, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, junto a las Agencias de las Naciones Unidas y bajo el liderazgo técnico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), pusieron a disposición del MEPYD la metodología y sus equipos técnicos para llevar adelante una reflexión colectiva que congregó la colaboración y aporte de más de 110 técnicos especialistas de instituciones clave, entre funcionarios del gobierno y de las agencias de cooperación.

Esto trajo como resultado la comprensión de los efectos e impactos sociales y económicos de la pandemia, hacer un balance de las necesidades de recuperación, y ofrecer un abanico de posibles soluciones priorizadas, recogidas en una estrategia con cinco ejes para una recuperación integral, inclusiva y sostenible, más resiliente, articulados con dos instrumentos centrales de la planificación nacional: la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 y el Plan Nacional Plurianual del Sector Público 2021-2024.

Esta ha sido una experiencia única para quienes tuvimos la oportunidad de participar, como expresó el viceministro de Planificación e Inversión Pública, Pavel Isa Contreras, en sus palabras de bienvenida en el acto de presentación del informe cuando destacó que más allá de la realización de un producto, de un documento visible, lo más importante había sido en sí mismo el proceso de investigación conjunta y de aprendizaje colectivo.  

Ese hecho representó su mayor ganancia, ya que la evaluación pudo ser integrada como un insumo en la planificación nacional. Para nosotras esto representa la situación más idónea: pasar de la evaluación/planificación a la acción.

No podemos dejar de referirnos al cuarto eje de la estrategia propuesta en el CRNA: “Sostenibilidad ambiental y reducción de riesgos para responder y aprender de la crisis”, punto que reviste de mayor importancia en un contexto como el de República Dominicana por su condición de pequeño estado insular de vulnerabilidad climática creciente.

En este punto MEPYD destacó la necesidad de impulsar una agenda de gestión de riesgo sobre todo en los procesos de inversión pública, para la construcción de infraestructuras más resilientes frente a riesgos de desastres y adaptadas al cambio climático, y también priorizar proyectos específicos de tratamiento y protección de las cuencas para un país más resiliente. Si bien el país está cada vez más consciente de la importancia de la gestión de riesgos, “aún no lo tenemos en nuestro ADN” agregó.

Sobre este tema, el último informe del Secretario General de las Naciones Unidas Nuestra Agenda Común, ofrece un análisis del estado de nuestro mundo y una serie de recomendaciones específicas que abordan los retos de hoy y fortalecen el multilateralismo para el futuro. En el mismo, establece que “la prevención en todos sus aspectos sigue siendo una cuestión central. De hecho, el éxito a la hora de encontrar soluciones a los problemas interrelacionados que se nos plantean depende de nuestra capacidad de anticipar y prevenir los riesgos graves que puedan surgir y prepararnos para hacerles frente. De ahí que todo lo que hagamos a partir de ahora deba girar en torno a una agenda de prevención revitalizada, exhaustiva e integral. Además, remarca que: “cuando todo el mundo se enfrenta a la misma amenaza, la cooperación y la solidaridad son la única solución posible, tanto dentro de las sociedades como entre las distintas naciones”.

En medio de una crisis compleja como la actual, una recuperación integral, inclusiva y sostenible representa -para cualquier país- un desafío y una oportunidad para reconstruir mejor y ser más resiliente. Exige acciones inéditas en distintos frentes interconectados: salud, economía, mercado laboral, protección social, medio ambiental, por lo que como nunca antes, nos demanda de todos aquellos quienes estamos en medio de la atención de las necesidades sociales, productivas y ambientales, procesos de coordinación, planificación y de cooperación a todos los niveles, interinstitucional e intersectorial, nacional e internacional, local y territorial, para integrar a todos los actores y no dejar a nadie atrás. 

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