El 64% de las personas con discapacidad, en República Dominicana, no tiene acceso a un trabajo decente. Esto vulnera el sentido de independencia de la persona y genera mayores gastos para la familia. Foto: Carolina Acuña PNUD R. D.

"Tú no puedes”, “cómo vas a hacerlo”, "para qué" son comentarios que me hicieron sentir con menos capacidad y dudar de lo que podría lograr. “Siempre tuve el sueño de poder tener una vida plena e independiente, descubrir todo mi potencial, y con esto aportar para que la sociedad sea más justa e inclusiva con todas las comunidades en situación vulnerable”- Olga Altman, voluntaria ONU especialista Técnica en Inclusión, Innovación y Agenda 2030 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en República Dominicana.

Adquirí mi discapacidad físico-motora a los 13 años a causa de una distrofia muscular, y desde entonces mi silla de ruedas se convirtió en mi máxima aliada. Tuve que enfrentarme a las barreras sociales, actitudinales, arquitectónicas y de transporte que en algunos momentos dificultaron mi pleno desarrollo y participación en las actividades sociales. Esto me llevó a reflexionar que la discapacidad no está en la persona que la posee sino en las barreras que interfieren con la capacidad de esta de ser independiente y funcionar en la sociedad.

En República Dominicana, 1.160.847 personas viven con algún tipo de discapacidad, representando aproximadamente el 12% de la población[1]. El 70,2% de la población dominicana es considerada pobre o vulnerable, haciendo evidente que la pobreza es a su vez causa y consecuencia de la discapacidad. El 64% de las personas con discapacidad, en República Dominicana, no tiene acceso a un trabajo decente[2]. Esto vulnera el sentido de independencia de la persona y genera mayores gastos para la familia.

La mayor esperanza para las personas con discapacidad llega con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible pues mencionan a este grupo de manera explícita 22 veces (en la declaración, en metas e indicadores). Con esto se hace evidente que únicamente si las personas con discapacidad son tenidas en cuenta, se podrá cumplir el principio de la agenda global 2030 de ¡no dejar a nadie atrás!

Estudié psicología y formé parte de diferentes organizaciones que promueven la diversidad, la participación y el desarrollo integral de la mujer y sus familias. Estas experiencias me llevaron a alcanzar uno de sus mayores logros laborales: trabajar para la ONU como parte del programa de talento PNUD-VNU para jóvenes profesionales con discapacidad, integrando el equipo del proyecto conjunto Creación de capacidades nacionales para lograr la inclusión social de las personas con discapacidad en las áreas de educación, empleo y participación en la República Dominicana.

La inclusión laboral ha significado para mí una mayor independencia, autosuperación, crecimiento personal, productividad, motivación, inspiración, desarrollo de capacidades, poder contribuir a mi familia y la sociedad. Además de ser un reto, tanto en lo personal como para la organización, nos hemos tenido que adaptar una a la otra, con los ajustes razonables (adaptación del escritorio a la altura necesaria, colocación de rampas de acceso, gestión de transporte y asistencia) y apoyos necesarios para desenvolverme plenamente en mis funciones señala.

El proyecto al que sirvo es implementado por tres agencias del Sistema de Naciones Unidas en República Dominicana (UNICEF, PNUD y OPS/OMS) y busca apoyar el desarrollo de capacidades como un motor de cambio en la promoción del enfoque de derechos humanos en favor de los niños y niñas con discapacidad fuera del sistema educativo; así como de las personas con discapacidad discriminadas en el mercado laboral y socialmente estigmatizadas por su discapacidad.

Amo mi trabajo, y sentir que soy valorada por lo que sí puedo hacer, me impulsa cada día más a luchar para combatir los prejuicios y tabúes que aún persisten en la sociedad sobre la creencia infundada de que las personas con alguna condición de discapacidad no pueden recibir educación, trabajar, no pueden tener pareja, o peor aún, no pueden llevar una vida normalizada al igual que los demás miembros de la comunidad.

Sensibilizarnos, romper con los estereotipos, respetar las diferencias nos ayudará a crecer como personas y fomentar una cultura de paz y respeto a nuestro alrededor para lograr una sociedad más justa e inclusiva: dejar de juzgar por las apariencias y valorar los talentos.

Naciones Unidas ha aprobado la estrategia de inclusión de las personas con discapacidad que constituye la base para un progreso sostenible y transformador hacia la inclusión de la discapacidad en todos los pilares de la labor de las Naciones Unidas, y que se extenderá tanto al interno como al externo de la organización. Esto promoverá que más personas como yo, exponencien sus talentos extraordinarios y logren desarrollarse personal y profesionalmente y que, a su vez, se construyan sociedades más inclusivas donde nadie sea dejado atrás.

 

 

 

[1] Oficina Nacional de Estadística (2010). Censo de Población y Vivienda 2010. ONE. República Dominicana.

[2] Oficina Nacional de Estadística (2013). Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples de 2013 (ENHOGAR).

 

 

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