Revalorizar el aporte de los recursos naturales al bienestar humano | Jonathan Delance

24 ago 2015

 Hablar sobre el desarrollo implica conocer que la naturaleza tiene límites, un techo natural. Foto: Emiliano Larizza para PNUD R.D.

Es común pensar que los recursos naturales existen para ser explotados por los seres humanos en su corto paso por la tierra con el fin de fomentar el crecimiento económico. Las grandes riquezas económicas de las naciones surgieron de la explotación de los recursos naturales para que las personas produjeran bienes y materiales que se consumen o se utilizan en el diario vivir, en ocasiones bajo políticas de crecimiento basadas en la premisa de que estos son inagotables.

El tiempo ha demostrado que la realidad es otra. Entre 1798 y 1826, el economista Thomas R. Malthus estableció, a partir de datos demográficos, que el crecimiento de la población estaría limitado por la escasez de sus medios de subsistencia como alimentos, vestimentas, herramientas, etc. Por ejemplo, si se supone que en un espacio de 10mts2 se puede alimentar a diez personas por día, no habrá dificultades mientras la población sea menor de diez habitantes. Pero,  ¿y si sobrepasa los 10 habitantes?

Esta interesante teoría llevó a Malthus a plantear  que el aumento de la población seguía un ritmo geométrico mientras el crecimiento de los recursos para la subsistencia crecía a un ritmo aritmético: como resultado, la creación de riquezas tendría un techo natural. En el siglo XIX había poca población y era imposible visualizar que los recursos naturales se pudiesen agotar.

Hoy, con más de 7 billones de habitantes en el planeta, sabemos que las necesidades y los patrones de consumo (La conducta asociada a la cantidad de bienes y servicios demandados/consumidos en un período de tiempo) colocan presiones acentuadas sobre la disponibilidad de recursos naturales.  Un ejemplo de este tema en la República Dominicana es la degradación de ríos por la extracción materiales de construcción, lo que en ocasiones pone en riesgo el abastecimiento de agua de las poblaciones.

En respuesta a las demandas de bienes y servicios, la humanidad ha desarrollado inventos y tecnologías para  aprovechar de forma más eficiente los recursos naturales, en el intento de alejar cada día más el techo natural que limita su riqueza, aun cuando no se controla, mitiga o elimina la causa.

Crecimiento versus desarrollo

Los gobiernos siguen utilizando como el más importante indicador de crecimiento el Producto Interno Bruto, que de por si se limita a una parte de la economía de las naciones – diferente a otros indicadores que incluyen la equidad en la distribución del ingreso, el capital natural, la calidad de vida de las personas, entre otros que permiten una mirada holística al DESARROLLO sostenible, es decir, un equilibrio entre lo social, ambiental y económico.

 Es por tanto que crecimiento no es igual a desarrollo, hablar sobre el desarrollo implica conocer que la naturaleza tiene límites, un techo natural.

Con la creación de la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo en 1983, la ONU publicó  un informe fundacional, “Nuestro Futuro Común”, que da el toque de permanencia y conciencia entre los países sobre el concepto de Desarrollo Sostenible buscando articular el crecimiento económico con el desarrollo de los pueblos.

De aquí que los recursos naturales se revalorizan y se les da una visión adicional en términos de sus aportes al bienestar humano en todas sus dimensiones. Reconocer y comprender que la calidad de vida de la humanidad y su articulación con el crecimiento económico depende de los flujos y ciclos naturales de agua, aire, alimentos, suelos, materia prima y hasta de la buena gestión de los recursos no renovables; se hace necesario para que los países logren un desarrollo integral al poder diseñar políticas públicas que manejen dicha articulación como un solo sistema de desarrollo.

Entonces, ¿Por qué tratar de valorar los Recursos Naturales si sus beneficios son incalculables? 

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